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El aire entre los dos se cortó por un segundo, oyéndose solo la respiración entrecortada de Alexei sobre el cuerpo de Serena.
—¿Qué estás haciendo? —la mujer, aún confundida por el sueño, gruñó furiosa.
Alexei quiso reír, pero su corazón se encontraba demasiado acelerado para siquiera pensarlo. ¿Quién iba a imaginar que esa mujer, salvaje como una tigresa, ahora yacía bajo su cuerpo, vulnerable, conquistada sin pronunciar una sola palabra?
El cuerpo del hombre