La familia estaba más que completa, todo estaba en orden, los malos estaban lejos y encerrados, los niños jugando, la servidumbre dispuesta a cuidar a los niños por la familia, pero solo faltaba un pequeño detalle.
—Se llevarán muy bien. —Marcela los miraba.
—Claro que sí, lo harán.
Los dos vieron a el ama de llaves y a las dos sirvientas de pie ante la puerta.
—Es hora de ir. —Robert sonrió de lado—. Vamos a hacer el amor cariño.
Marcela se puso roja y tosió.
—No tienes que ser tan obvio Rober