Días después, Robert continuaba buscando a Marcela; no obstante, nunca la encontró. Nadie estaba en casa, la yegua no estaba, ni siquiera un insecto. Lo que más lo deprimió, fueron las flores que antes eran hermosas, ahora estaban marchitas y muriendo.
—¿Qué pasó aquí?
El espía revisó la casa y confirmó sus sospechas.
—Se fueron hace días, por la noche.
—¿Qué? ¿A dónde?
—No lo sé, señor…
—Averígualo.
¿Abandonaron su hogar? ¿Por qué?
Tuvo una idea, podría buscar a Andrew en su trabajo, pero no p