—En la casa, Marcela lloraba. No podía creer que el esposo modelo, su compañero de vida, el hombre perfecto fuera así. Todas estaban envidiosas con Marcela, querían estar con Andrew, pero él le era fiel a Marcela, o al menos eso pensaba ella.
Cuando Andrew llegó a su lecho, Marcela lo miró con determinación y decepción.
—No me mires así.
—¿Yo? Dime, ¿eres infiel?
—¿Qué?
—Cambiaste de un momento a otro, me guardaste secretos.
Andrew negó.
—Te amo y eso es verdad, no te soy infiel.
—¿Nunca?
—Nunc