CAPÍTULO 49**
— Buena suerte, la puerta está… — escucho el clic de la cerradura y Beck entra, — cerrada.
Suelto un suspiro y miro hacia abajo. Beck se agacha a mi lado y acaricia mi mejilla.
— ¿Qué pasó ? ¿Por qué estás llorando ? — Levanta mi cabeza, obligándome a mirarlo. No le respondo y él me seca las lágrimas. Me toma en brazos, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura, y camina hasta la habitación. Tira las cobijas hacia atrás y se acuesta, sentándose contra el respaldo de la cama.