El dolor la despertó primero.
Se extendió lentamente por su cuerpo, alojándose en sus costillas, hombros y nuca como un dolor sordo pero persistente.
Serena respiró hondo y se arrepintió al instante cuando el dolor de sus costillas lesionadas se intensificó.
Abrió los ojos lentamente.
Por un momento se quedó inmóvil.
Se limitó a mirar fijamente un techo que no reconocía.
Aquel no era su dormitorio.
El pulso de Serena se aceleró.
Se incorporó ligeramente, haciendo una mueca de dolor al sentir el