Lyra la miró fijamente como si el mundo se hubiera puesto patas arriba.
Durante varios segundos, permaneció inmóvil.
Ni siquiera parpadeó.
Sus ojos recorrieron lentamente el cuerpo de Serena de nuevo, como buscando pruebas de que lo que veía no era real.
«…Eres una chica».
Las palabras apenas salieron como un susurro.
El corazón de Serena latía con fuerza contra sus costillas.
El pánico la invadió tan rápido que la mareó.
«Lyra…», comenzó rápidamente, dando un paso adelante.
Lyra retrocedió de