Narrado por Anya
El aire fresco de la madrugada acariciaba mi rostro mientras avanzábamos por el sendero que nos alejaba de Morgana. Aiden me sostenía con firmeza, su presencia era mi ancla en medio del torbellino de emociones que me embargaba. Aunque habíamos derrotado a la bruja, una inquietud persistente se aferraba a mi pecho.
—¿Estás bien? —preguntó Aiden, su voz cargada de preocupación.
Asentí, aunque sabía que él podía percibir la turbulencia en mi interior.
—Solo... necesito un momento