Espera! ¿Tienes el gotero? — Susurró Eun-Ji detrás de mí haciéndome saltar del susto.
—Sí, lo tengo — dije nerviosa porque el amo Seung-Yi podía abrir la puerta en cualquier momento.
Saqué el gotero de mi delantal y Eun- Ji me lo arrebató, sin dudarlo un segundo vertió unas gotas dentro del té y yo estuve a punto de tirar la charola al piso cuando la puerta se abrió de golpe.
Entré en la habitación, pero apenas pude ver al hombre de espaldas caminando delante de mí colocando una bata de seda so