35. Lo que queda.
El aire seguía impregnado del olor a sangre y sudor, el eco de la lucha resonaba en mis oídos. La manada había visto lo que sucedió. Habían presenciado cómo mi dominio sobre Natan quebraba la última resistencia que quedaba en ellos. La batalla por el liderazgo había terminado, pero, a pesar de la victoria, una sensación de vacío persistía en mi pecho. El control de la manada, la victoria sobre Natan, no me llenaba. No lo hacía.
Mis ojos se fijaron en el cuerpo de Natan, tirado en el suelo, su m