ESTEBANSentado al otro lado de la habitación, con un whisky en la mano, observo a mi madre atentar contra la paciencia de Eliana con sus atenciones. Eliana, sin embargo, parecía estar hasta la coronilla de los cuidados policíacos tanto de mi madre como de Scott. Había algo diferente en Memo —Scott, como prefería que le dijeran—, diferente en el buen sentido.—Ambos saben que estoy bien, ¿verdad? —dijo ella, soltando un gran bostezo—. Lo siento…Se levantó de un salto del sofá, fijando la mirada en las paredes. Parecía complacida, intrigada por los diseños.—¡Oye, fortachón! —llamó.Poniéndome una sonrisa en el rostro, me encontré con su mirada.—¿Sí?—No me dijiste que te gustaba el arte. Tu casa es hermosa.Me encogí de hombros ante el cumplido.—No creo que mi primo esté de acuerdo —dije, fijando la vista en Scott mientras dibujaba una sonrisa burlona—. ¿O sí?Él ni me dedicó una mirada, y mucho menos una respuesta. No podía culparlo. Si por él fuera, no estarían aquí. Por eso tuve
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