Alaric
Esa tarde nos habíamos quedado hablando hasta bien entrada la noche. Sentía que, después de todo lo que habíamos compartido, de tocarnos y estar solos en este lugar que era solo nuestro, algo había cambiado entre nosotros. Nos habíamos vuelto inseparables.
Todas las mañanas me despertaba con ella entre mis brazos. Celeste me llenaba de besos, y yo pasaba el día entrenándola y enseñándole todo lo que sabía. Nunca me había dedicado tanto a una persona como a ella.
El jardín que había cons