Celeste
El bosque parecía respirar conmigo. A mi alrededor, los árboles se alzaban como guardianes silenciosos, sus hojas susurrando secretos ancestrales. La luz de la luna se filtraba entre las ramas, pintando la hierba con un resplandor plateado. El lugar estaba adornado con guirnaldas de flores azules y blancas, cuencos de cristal llenos de agua luminosa y pequeñas antorchas flotantes que emitían una luz suave y mágica. Era el bosque que plantó mi señor, mi rey, mi mate, y me reconocía. Esta