Fabrizio
Había visto muchos hombres morir: humanos, lobos y vampiros. Algunos lloraban en sus momentos finales y otros aceptaban la muerte como un último destino, pero jamás había visto a un hombre tan herido como Alaric. Y no era por las lesiones que tenía, sino por la desesperación y el horror que veían sus ojos.
—Se ha ido, la tiene el enemigo... Me la han quitado —jadeaba sin esperanzas mientras yo lo sostenía y Damián me ponía al tanto de los sucesos.
—Él la protegió. Iba a dar su vida por