Fabrizio
—¿De verdad tienes que irte? —me pregunta Margarita con expresión triste. Habíamos estado juntos una semana. Solo una semana después de años. La extrañaba siempre, incluso cuando estábamos juntos. Aún no podía creer que ella estaba aquí conmigo.
—Solo será un par de días, lo prometo —digo cuando le preparaba el desayuno en la cocina del castillo. Los trabajadores ya se habían acostumbrado. A todos les asombraba que aún supiera cocinar, sobre todo porque yo no comía estos alimentos, per