Tres semanas después del funeral de su padre, Teodora, sin tener dónde quedarse, fue llevada con su tío Marcelino, un polígamo que luchaba por cuidar de sus propios hijos.
“Teodora”, llamó el tío, “te han traído a mi casa”. No puedo hacerme cargo de tu educación. Lo único que podría hacer por usted sería quizás encontrarle algo de dinero para que inicie un pequeño negocio. Si no eres muy cuidadoso con este capital y desgraciadamente lo agotas, no te atrevas a imaginar que encontrarás más. Es co