Milagro, el niño nacido del embarazo dado por Dios y del cual Fideliana era madre, a los cuatro años de edad, jugaba con su hermana y su hermano en la sala de estar. Fidélia, tumbada en el sofá, estaba discutiendo un tema con su hermana cuando de repente apareció su madre llorando.
Las dos jóvenes se asustaron y corrieron hacia el recién llegado.
– ¿Qué pasa, mamá? Fidelia preguntó primero.
La recién llegada, perdiendo la moral, no se atrevió a decir una palabra.
– Pero mamá, ¿por qué lloras? F