Florencia, acostumbrada a levantarse muy temprano por la mañana, ya estaba en la cocina calentando las migas de la noche anterior después de barrer el patio. Cuando la joven puso la sartén en el fuego, sintió la presencia de alguien detrás de ella y cuando giró lentamente la cabeza, vio a su marido ofreciéndole su bonita sonrisa.
—Cariño, no te oí entrar —le gritó al recién llegado.
El hombre, con una sonrisa entre los dientes, corrió hacia su esposa y, con voz tranquila, le pidió que le dejara