En el salón de Ferrari, la conversación entre madre e hijas siempre había continuado sin tabúes.
-Y yo estaba hablando contigo -continuó la madre. Érase una vez un joven que se enamoró de una joven. La muchacha era admirablemente bella. Ella era tan hermosa como una sirena. Impresionado por la belleza de la joven, el joven se acercó a ella y la cortejó. Poco después, la muchacha aceptó sus avances y el joven, que ya tenía un trabajo que le reportaba mucho dinero, hizo arreglos para que la chica