Miércoles del mes de junio.
Había estado lloviendo desde la mañana. Desde el cielo caían continuamente gotas de lluvia. Las hermanas gemelas, tumbadas en su estera, seguían roncando como una oruga madre.
Eran las diez y algunos minutos. Todavía se oían las gotas de lluvia sobre la chapa. Fideliana, todavía durmiendo, fue despertada por su hermana gemela.
– Por favor Fideliana, levántate, vamos a trabajar.
Fideliana se levantó y comenzó a parpadear. Finalmente abrió bien los ojos y, sorprendida,