Amanecí con Marcelene entre mis brazos, podía jurar que luego de días durmiendo tan mal era la primera vez que al menos podía decir que dormí cómodo aunque no lo haya hecho por tantas horas.
El timbre había sonado a primera hora y aunque es cierto que para ella no había hecho la mínima diferencia, yo no pude evitar despertar. Me demoré un par de segundos en despabilar lo suficiente como para levantarme de la cama, pero el timbre había sonado tantas veces que tuve que apresurarme para abrir ante