54. Amor sentenciado
Bella
Atardecía.
Y lo único que me importaba en ese momento era saber si Rigo había sobrevivido a aquella herida de bala.
No recordaba el tiempo exacto que llevaba sentaba en aquella roca, observando como las olas se formaban como dos espesas nubes de agua y rompían en la orilla, rociándome los talones.
Detrás, en aquel lejano horizonte cubierto de neblina, se levantaba un imperioso risco que me separaba de roma.
Las últimas veinticuatro horas habían pasado sin apenas sentirlas. Las siete prime