55. Trae de regreso a mi hermana
Bella
Cuando observé a la Isabella acicalada que me devolvía la mirada a través del reflejo del enorme espejo de aquel salón, descubrí dos cosas.
Sofía Caruso y aquella increíble sonrisa de superioridad que tanto le caracterizaba.
—Hola, Isabella —me engulló vanidosa.
Iba metida dentro de un escandaloso vestido verde coctel. Cabello suelto y un sutil maquillaje digno de elevar sus facciones.
Aquel no era un encuentro cualquiera, por supuesto que no. Su presencia en Terracina tenía un único prop