48. Enfrentar lo imprevisible
Bella
Caí de rodillas en el asfalto.
Una lluvia caudalosa protagonizándolo todo.
El llanto.
Asfixiante y desmedido.
Fue justo cuando clavé las manos en el pavimento que descubrí los pequeños surcos de sangre.
Bajé la mirada.
La visión que tuve de mí en ese instante fue por demás desastrosa. La tela de mis pantalones estaba rasgada y tenía las rodillas heridas, consecuencia del impacto. También estaba empapada de agua y el viento azotaba con tanta fuerza hasta hacerme estremecer. Pero nada de es