49. La mafia. Cruel y letal
Gia
El zumbido de mis propios latidos.
Feroz
Desquiciante.
Entremezclándose con el golpeteo de gruesas gotas de lluvia salpicando en las ventanas y la carrocería del auto.
Adrenalina.
Sagaz y estremecedora.
Sentí el cuerpo a punto de explotarme.
Me atravesó un escalofrío en cuanto escuché la voz de Mauro a través del auricular que me había proporcionado Greco.
—Hola, guapa.
Cerré los ojos y contuve el aliento por un segundo.
—Dime que estoy cometiendo una locura —le pedí, un tanto nerviosa.
En