31. La tocas y te mato
Carlo
Más tarde, luego de que Stella se marchara prometiendo una prueba de ADN para dentro de veinticuatro horas, cerré el grifo de la ducha; agaché cabeza y me permití evocar el cuerpo de Gia bajo el mío. Respiré hondo, todavía podía sentir la fuerte sacudida que me procuró estar dentro de ella, invadiendo cada delicioso centímetro hasta hacerla desfallecer. Esa devastadora presión que se instaló en mi vientre cuando alcanzamos juntos el clímax.
Su humedad. Su pequeño y estrecho centro.
Podía