POV Aaron.
El sonido de mi propia voz aún resonaba en mis oídos cuando grité al teléfono, dejando salir una desesperación que, aunque ensayada, sonó completamente real.
—¡No le hagas daño a Serafina!
Del otro lado, la respuesta llegó fría, calculada, como si disfrutara cada segundo de control que creía tener.
—Te enviaré la ubicación y la hora, pero si traes a la policía… morirá.
La llamada se cortó sin más.
Me quedé mirando el teléfono unos segundos, dejando que el silencio hiciera su trabajo.