POV Azkarion.
Esa noche no dormí.
Ni un solo segundo.
Mi cuerpo permanecía allí, rígido, hundido en una silla dura e incómoda, con la espalda apoyada apenas en el borde de la cama del hospital.
Cada músculo me dolía, pero no me moví. No podía. No quería. Como si al hacerlo pudiera romper algo frágil, invisible, pero vital. Como si moverme fuera aceptar que el mundo seguía avanzando mientras el mío se había detenido.
Verena yacía frente a mí.
Inmóvil. Silenciosa. Conectada a máquinas que respirab