POV AZKARION
Tía Paloma fue la primera en llegar.
La vi avanzar por el pasillo del hospital como si cada paso le costara años de vida. Su rostro estaba desencajado, los ojos enrojecidos por el llanto contenido, pero aun así conservaba esa dignidad silenciosa que siempre la había definido. No corría, no gritaba, no preguntaba. Caminaba con la certeza de quien ya sabe que algo terrible ha ocurrido.
Cuando me vio, no dijo una sola palabra.
No hizo preguntas. No necesitó hacerlo.
Simplemente, abrió los brazos y me envolvió con fuerza, como si su cuerpo intentara sostener el mío antes de que me quebrara por completo.
Yo también la abracé, aferrándome a ella con una desesperación que no me reconocí. Sentí cómo el nudo en mi garganta me impedía respirar con normalidad, cómo el temblor se apoderaba de mis manos sin que pudiera controlarlo.
Nunca fui un hombre dominado por el miedo.
Había enfrentado amenazas reales, traiciones que marcaron destinos, decisiones que condenaron a otros y me persig