POV OLIVIA
Mis manos temblaban, pero me obligué a mantener la mirada firme. Sentía el calor de su cuerpo demasiado cerca, su presencia masculina que siempre lograba desestabilizarme, por mucho que yo intentara levantar muros de hielo.
—No quiero, Adrián. Punto —dije, y mi voz sonó más quebrada de lo que pretendía—. Así funciona esto en el mundo real: si la esposa no quiere, el esposo se aguanta. No soy un objeto que puedes tomar cuando se te antoja.
Él soltó una carcajada seca. Era una risa que