El sonido del disparo todavía retumbaba en las paredes de la habitación, un eco seco y mortal que parecía haber detenido el tiempo.
Verena cayó al suelo con una fragilidad que me desgarró el alma. El impacto de su cuerpo contra el frío pavimento fue el inicio de mi pesadilla.
Yo corrí hacia ella, ignorando el peligro, ignorando que Harold seguía allí, con el arma temblando en su mano.
Me desplomé a su lado y presioné mis manos contra la herida, intentando detener el torrente de sangre carmesí qu