POV Azkarion
Ver a esa mujer me provocó náuseas.
Y no hablo del dolor físico que aún me atravesaba el pecho, ni de la presión sorda que latía bajo las vendas, Marlene y mi padre me provocaban algo peor que lo que siempre soy, lo peor de mí.
Hablo de algo distinto. Más profundo. Más viejo. De ese tipo de asco que no nace en el estómago, sino en la memoria. El que se activa cuando ciertos rostros regresan del pasado como parásitos que nunca pidieron permiso para volver… porque siempre asumieron que tenían derecho.
Marlene.
Su voz chillona atravesó el aire, apenas cruzó la puerta, como uñas raspando metal.
—¡¿Qué le hiciste a mi hijo, salvaje?! —gritó, fuera de sí—. ¡Si lo mataste, juro que…!
No la dejé terminar.
Ni siquiera lo pensé.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Instinto puro. El mismo que me ha mantenido vivo desde que aprendí que nadie iba a protegerme si yo no lo hacía.
Puse a Verena detrás de mí con un movimiento seco, definitivo, como si su lugar natural fuera ese: a resg