POV Verena
—Debo ir con mi hermana… no puedo…
Ni siquiera terminé la frase. Su mirada se clavó en mí como una hoja afilada, inmóvil, precisa. No gritó. No alzó la voz. No lo necesitaba. Azkarion nunca necesitaba hacerlo. Bastaba con esos ojos oscuros, atentos, calculadores, que parecían desarmarte por dentro.
—¿Vas a dejarme solo y enfermo? —preguntó con una calma que me puso la piel de gallina—. Eres contradictoria, Verena. Además, te necesito. Creo que me lo debes.
El aire se me quedó atorado