POV Astra
Cassian conducía mi Jaguar como si fuera suyo.
Como si todo lo que tocara automáticamente le perteneciera.
Qué cínico.
Lo miré de reojo desde el asiento del copiloto. Sus manos sujetaban el volante con firmeza mientras sus ojos claros permanecían clavados en la carretera. Ni siquiera volteaba a verme.
Pero podía sentirlo.
La tensión. La rabia contenida.
El silencio pesado que llenaba el auto.
Ah… qué tipo tan insoportable.
Y pensar que antes era el chico perfecto.
El heredero impecable