POV Astra
De pronto, sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Las manos de Albert, grandes y posesivas, se cerraron sobre mi cuerpo con una urgencia que no le conocía.
El calor que emanaba de su pecho se filtraba a través de mi ropa, pero no era nada comparado con el incendio que rugía en mis propias venas.
Me subió al auto con una brusquedad contenida, depositándome en el asiento trasero.
Ronald iba justo detrás, dispuesto a subir, pero el aire se cargó de una electricidad peligrosa.
—Te v