POV Astra
Pronto lo llevamos al hospital.
Está inconsciente y el peso de su cuerpo entre mis brazos hace que cada segundo se sienta más largo, más insoportable.
La sangre no es mucha, pero verla en su piel, en su ropa, en ese brazo donde la bala apenas rozó la carne, me revuelve el estómago. No es una herida grave… el médico lo dirá después. Pero en ese instante, para mí, todo parece fatal.
Mi corazón late con violencia, como si quisiera escapar de mi pecho. No es solo miedo. Es culpa. Es rabia.