POV Astra
Salí del sótano sintiendo la sangre hervirme.
La confesión de Luciana seguía resonando en mi cabeza una y otra vez.
Francisco Wallis. Ese desgraciado.
Debí imaginarlo desde el principio.
Subí las escaleras rápidamente y encontré a Azrael caminando de un lado a otro por el despacho como una bestia encerrada.
Sus ojos seguían rojos. Su respiración era pesada.
Y en sus manos aún sostenía aquellos malditos papeles de divorcio, completamente arrugados.
Parecía al borde de perder la cordura.