Salí de la oficina con una calma que no sentía del todo real. En mis manos llevaba el cuaderno, ese que entregué sin titubear a la asistente, como si no significara nada.
Como si fuera uno más. Pero por dentro, mi mente estaba fría, calculando cada paso.
¿De verdad pensaban que era tan ingenua?
Ese no era el cuaderno original.
Ni siquiera se acercaba.
Había pasado noches enteras perfeccionando los verdaderos diseños, cuidando cada trazo, cada detalle, cada idea que llevaba mi esencia. Lo que en