POV Katelyn.
—¡No te atrevas, Antonio!
Mi voz tembló al gritarle, pero aun así me obligué a sostenerle la mirada.
Antonio estaba de pie frente a nosotros, con el arma en la mano.
Nunca lo había visto así.
Sus ojos estaban completamente enrojecidos, brillando por las lágrimas contenidas. Su mandíbula permanecía tensa y los puños con tanta fuerza que los nudillos se habían vuelto blancos.
Parecía un hombre al borde de la locura.
Un hombre herido.
Un hombre peligroso.
Y eso me aterraba más que la