Las manos de Elizabeth temblaban. Los últimos días la tenían al borde, y la incertidumbre le carcomía el pecho.
Con la mirada fija en la pantalla de su computador, había escrito el nombre de Marcos una y otra vez en el buscador, aferrándose a la esperanza de encontrar alguna pista. Y entonces, lo vio. Su nombre apareció en la página oficial de la comisaría principal de la ciudad.
Pero al leer la noticia que lo acompañaba, el rostro se le desfiguró de terror. Según el informe, Marcos había muert