ACEPTO LA PROPUESTA.
De regreso a la mansión, Elizabeth se abrazó a sí misma. Las piernas le temblaban tanto que apenas podía seguir el paso ágil de la empleada.
—Señora, rápido, los guardaespaldas cambian de turno en cualquier momento.
Elizabeth asintió, aunque apenas registró las palabras. Su mente no podía desprenderse de las imágenes de Xavier disparando sin vacilar sobre Paulina. El sonido de los disparos, su frialdad, la mirada vacía... todo se repetía una y otra vez en su cabeza. Las palabras de Vicenzo tamb