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Abrí los ojos lentamente, la blancura de las paredes del hospital me rodeaba. Mi mente aún aturdida, recordé la escena que me dejó sin aliento: mi mejor amigo había sido asesinado. El dolor se apoderó de mí, y la noticia me golpeó tan fuerte que perdí el conocimiento. Ahora, en esa habitación fría, las sombras del dolor y la pérdida se aferraban a mí mientras intentaba comprender la cruel realidad que me esperaba fuera de esas paredes.
Con el peso de la tristeza sobre mis hombros, me encont