Mis pensamientos eran un caos, la confusión y el miedo se mezclaban en mi mente. Solo había salido a caminar, necesitaba un poco de aire, despejarme, salir del departamento sin que Regina se diera cuenta. Pero alguien me había cubierto la boca, y lo siguiente que recordaba era haber despertado en este lugar, con los ojos vendados y amarrada a una silla.
—Por favor... —mi voz salió rota, apenas un susurro que se fue transformando en un grito desesperado—. Quiero ver a mi hijo, por favor. Él ne