Ya los niños se habían dormido, y yo me encontraba desnuda entre los brazos de Elijan. Su piel ardía contra la mía, y no dejaba de besarme con una devoción que me hacía temblar. Había pasado tanto tiempo sin sentirlo así, sin compartir este nivel de intimidad. Más de tres años sin mi Elijan. Su ausencia había sido un vacío que finalmente se llenaba.
—Mi amor, ven con nosotros, te lo suplico... —le rogué, mi voz apenas un susurro cargado de desesperación.
Elijan dejó de besarme por un moment