Regina Stravos
Pasó más de una semana hasta que finalmente Lorenzo cumplió su promesa y me llevó a ver a Elijan. Dejamos a Esme con la nana en la mansión, aunque me costó despedirme de mi pequeña. Su mirada curiosa y sus preguntas inocentes sobre adónde iríamos me dejaron una sensación extraña en el pecho. Pero este era un momento que había esperado por demasiado tiempo.
El trayecto hacia la clínica fue silencioso. Lorenzo, como siempre, conducía con una seguridad imponente, pero yo no podí