Regina Stravos.
El sol abrasador se filtraba por las ventanas del pequeño restaurante, iluminando el modesto lugar donde había encontrado refugio. Mi vida ahora era sencilla, limitada a los confines de este pequeño pueblo mexicano, lejos de todo lo que una vez conocí. Aquí, entre mesas de madera y paredes descascaradas, me escondía del mundo, del pasado, y de todos los que podrían buscarme.
Habían pasado dos meses desde que "morí". Desde que me desvanecí del radar de todos. Mi cabello, antes