La mujer del Cóndor: 52. Solo oscuridad.
Michael Foster
El dolor en mi cabeza era insoportable, como si un martillo golpeara sin descanso. Abrí los ojos lentamente, luchando contra la resaca que nublaba mi mente. El sol que entraba por las cortinas me hirió la vista, y un asco indescriptible me invadió cuando giré la cabeza y vi a ella.
Esmeralda, desnuda, recostada junto a mí, me miraba con una sonrisa que parecía burlarse de mi miseria. Mis recuerdos eran un caos, fragmentos de la noche anterior se entrelazaban sin sentido: el a