Raegan Stravos
Estaba completamente enojado. La rabia me hervía las venas, y no podía confiar en nadie. Había perdido el control de mi presidencia, y los malditos traidores me rodeaban por todas partes. Mi padre, un estorbo que ya no significaba nada para mí, había sido llevado lejos, pero ni siquiera me importaba en lo más mínimo. Lo único que me importaba, lo único que realmente me importaba, era encontrar a mi hija. Rubí. Esa era mi obsesión. Esa niña es la razón por la que sigo en pie. Nadi