C A P Í T U L O | S I E T E .
Nos pisaban los malditos talones, mi coche fue modificado para correr como el infierno, aún así menos de quinientos metros nos separaban.
Las balas repiqueteban contra el asfalto, algunas llegando a dar en la carrocería de mi bebe. Estaba jodidamente furiosa.
—Dobla a la derecha, hacia el puente central. Tenemos un retorno a la mitad, los perderemos en los barrios bajos.
La voz de Leroi estaba cargada de tensión, tenía la impecable nueve milímetros en la mano, aún no había efectuado ni un dispa