Encrucijada
El bosque parecía tragarse el sonido de sus pasos. A medida que avanzaban, el aire se volvía más espeso y cargado de un olor terroso. La maleza se abría poco a poco hasta dejarles ver un claro amplio, bordeado por arbustos bajos y suelo pisoteado. Por fin habían atravesado la parte difícil, ahora frente a ellos se abrían los campos de pastizales.
Roan alzó un brazo, deteniendo al grupo.
-Esperen, no sigan. -Susurró, con el ceño fruncido.
Frente a ellos, una manada de bisontes desc